
Evona Rebelo
20th Sunday in Ordinary Time, Year A
O Woman, great is your faith! Be it done for you as you desire
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August is Women’s Month in South Africa. On 9 August we celebrated the 70th Anniversary of the famous Women’s March in which women of all backgrounds came together to protest against the brutal injustices of the Apartheid regime. The phrase, “You strike a woman, you strike a rock (Wathint’ abafazi, wathint’ imbokod) is a historic South African resistance slogan.
It is through this lens that I have begun my reflection on the scriptures. Both the first and second readings call us to unity, liberation and justice. It is however the Canaanite woman in the Gospel who captured my attention.
I have read the Gospel a couple of times and still find myself puzzled over Jesus’ tone towards the Canaanite women. Jesus appears short-tempered. The Canaanite woman beseeched Jesus to assist her daughter who was possessed by a demon. (The child most likely suffered from epilepsy). Jesus responded, ‘It is not fair to take the children’s bread and throw it to the dogs.” This struck me as very harsh.
The author of the Gospel of Matthew primarily writes for a Jewish audience and emphasises Jesus as the fulfilment of the Old Testament prophecies. The practice of ‘othering’ is one which all know too well. But surely Jesus was above this.
One of my favourite lecturers at the University of Cape Town was a wise old Rabbi who lectured in Biblical Exegesis. His lectures were simple and provocative. There is one great take-away I have from his class, “Any scholar worth his/her salt will sit with a text for many hours, days and months until you find a compassionate interpretation.”
Perhaps Jesus was ‘compassion-fatigued’. I know that I often am. This morning I watched the international news – the horrors coming out of Gaza and the occupied territories. Then I casually flicked channels to national news – the Afrophobia tide that is gripping South Africa. I have found myself becoming increasingly anesthetised to the horrors of life. Yet Pope Francis reminds us that compassion is the language of God. The word “compassion” has Latin roots. Com meaning “with” and pati meaning to “suffer”, literally conveying “to suffer together”. This is emotionally and spiritually taxing work which has overwhelmed me many times in my life. I am trying to live a life of compassion in a manner that does not deplete my reserves or those of my loved ones. There is a fine line. I have several manageable charity intentions. The important ones are, however, the Social Justice intentions – making intentional contributions to the life of another so that they will come to know the human dignity that is their birthright.
The other insight that surfaced for me in today’s Gospel is that of the Canaanite woman’s daughter who was possessed by a demon. What are my demons and how do I wrestle with them? I used to read EB White’s, ‘Charlotte’s Webb’ to my children and they delighted in the characters. There are so many layers of truth and wisdom in this beautiful story. What is my ‘Magna Opus’? The ‘ego ideal’ of my early twenties had grandiose aspirations. Now I realise that it is not about doing great deeds but small deeds with great love. (attributed to Mother Teresa)
I was schooled by Irish Cabra Dominican Sisters in the Cape and they used wonderful expressions. I remember the Sisters admonishing us when we were being impolite by saying, ‘You bold girl’. We all giggled and carried on chiding Sister, but I did come to believe that ‘boldness’ was a bad character trait. However, the Canaanite woman was bold and determined. She out-witted and convinced Jesus that even the dogs eat from their masters’ table.
She was emboldened by her love for her child and was prepared to suffer ridicule and scorn because she cared so deeply. I ask myself, ‘What do I care so deeply about that I am prepared to be ridiculed and scorned? What is it that I desire most in this season of my life?”
I need to sit gently with this quest and let the words of Jesus speak directly to my heart, ‘O woman, great is your faith! Be it done for you as you desire’.
20º domingo del tiempo ordinario, año A
¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase contigo según tu deseo
Agosto es el Mes de la Mujer en Sudáfrica. El 9 de agosto celebramos el 70º aniversario de la famosa Marcha de las Mujeres, en la que mujeres de todos los orígenes se unieron para protestar contra las brutales injusticias del régimen del apartheid. La frase «Si golpeas a una mujer, golpeas una roca (Wathint’ abafazi, wathint’ imbokod)» es un histórico lema de resistencia sudafricano.
Es desde esta perspectiva que he comenzado mi reflexión sobre las Escrituras. Tanto la primera como la segunda lectura nos llaman a la unidad, la liberación y la justicia. Sin embargo, fue la mujer cananea del Evangelio la que captó mi atención.
He leído el Evangelio un par de veces y aún me sorprende el tono de Jesús hacia la mujer cananea. Jesús parece irascible. La mujer cananea suplicó a Jesús que ayudara a su hija, quien estaba poseída por un demonio (lo más probable es que la niña padeciera de epilepsia). Jesús respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y arrojárselo a los perros». Esto me pareció muy duro.
El autor del Evangelio de Mateo escribe principalmente para un público judío y hace hincapié en que Jesús es el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. La práctica de «marginar» a los demás es algo que todos conocemos muy bien. Pero sin duda Jesús estaba por encima de eso.
Uno de mis profesores favoritos en la Universidad de Ciudad del Cabo era un sabio rabino de edad avanzada que impartía clases de exégesis bíblica. Sus clases eran sencillas y provocadoras. Hay una gran lección que aprendí de su clase: «Cualquier estudioso que se precie se sentará con un texto durante muchas horas, días y meses hasta encontrar una interpretación compasiva».
Quizás Jesús estaba «cansado de la compasión». Sé que a mí me pasa a menudo. Esta mañana vi las noticias internacionales: los horrores que surgen de Gaza y los territorios ocupados. Luego, sin pensarlo mucho, cambié de canal a las noticias nacionales: la ola de afrofobia que se está apoderando de Sudáfrica. Me he dado cuenta de que cada vez estoy más insensibilizada ante los horrores de la vida. Sin embargo, el Papa Francisco nos recuerda que la compasión es el lenguaje de Dios. La palabra «compasión» tiene raíces latinas. Com significa «con» y pati significa «sufrir», lo que literalmente transmite «sufrir juntos». Esta es una labor emocional y espiritualmente agotadora que me ha abrumado muchas veces en mi vida. Estoy tratando de vivir una vida de compasión de una manera que no agote mis reservas ni las de mis seres queridos. Hay una línea muy delgada. Tengo varios propósitos caritativos que puedo manejar. Los más importantes, sin embargo, son los propósitos de justicia social: hacer contribuciones intencionales a la vida de otra persona para que llegue a conocer la dignidad humana que le corresponde por derecho de nacimiento.
La otra reflexión que me surgió del Evangelio de hoy es la de la hija de la mujer cananea que estaba poseída por un demonio. ¿Cuáles son mis demonios y cómo lucho contra ellos? Solía leerles a mis hijos *La telaraña de Charlotte*, de E. B. White, y a ellos les encantaban los personajes. Hay tantas capas de verdad y sabiduría en esta hermosa historia. ¿Cuál es mi «obra maestra»? El «ideal del ego» de mis primeros veinte años tenía aspiraciones grandiosas. Ahora me doy cuenta de que no se trata de hacer grandes obras, sino pequeñas obras con gran amor. (atribuido a la Madre Teresa)
Fui educada por las Hermanas Dominicas de Cabra, de Irlanda, en El Cabo, y ellas usaban expresiones maravillosas. Recuerdo que las hermanas nos reprendían cuando nos comportábamos de manera descortés diciéndonos: «¡Chica atrevida!». Todas nos reíamos y seguíamos burlándonos de la hermana, pero llegué a creer que la «atrevimiento» era un rasgo de carácter negativo. Sin embargo, la mujer cananea era audaz y decidida. Se le hizo de lado a Jesús y lo convenció de que incluso los perros comen de la mesa de sus amos.
Se sintió envalentonada por el amor que sentía por su hijo y estaba dispuesta a sufrir el ridículo y el desprecio porque le importaba profundamente.
Me pregunto: «¿Qué es lo que me importa tanto que estoy dispuesta a ser ridiculizada y despreciada? ¿Qué es lo que más deseo en esta etapa de mi vida?»
Necesito reflexionar con calma sobre esta búsqueda y dejar que las palabras de Jesús hablen directamente a mi corazón: «¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como deseas».
20º Domingo do Tempo Comum, Ano A
Ó mulher, grande é a tua fé! Seja feito como desejas
Agosto é o Mês da Mulher na África do Sul. No dia 9 de agosto, comemoramos o 70º aniversário da famosa Marcha das Mulheres, na qual mulheres de todas as origens se uniram para protestar contra as injustiças brutais do regime do apartheid. A frase “Quem bate em uma mulher, bate em uma rocha (Wathint’ abafazi, wathint’ imbokod)” é um histórico slogan de resistência sul-africano.
É por essa perspectiva que comecei minha reflexão sobre as Escrituras. Tanto a primeira quanto a segunda leitura nos chamam à unidade, à libertação e à justiça. No entanto, foi a mulher cananeia do Evangelho que chamou minha atenção.
Já li o Evangelho algumas vezes e ainda fico intrigada com o tom de Jesus em relação à mulher cananeia. Jesus parece impaciente. A mulher cananeia implorou a Jesus que ajudasse sua filha, que estava possuída por um demônio. (A criança provavelmente sofria de epilepsia.) Jesus respondeu: “Não é justo tirar o pão dos filhos e jogá-lo aos cães”. Isso me pareceu muito severo.
O autor do Evangelho de Mateus escreve principalmente para um público judeu e enfatiza Jesus como o cumprimento das profecias do Antigo Testamento. A prática de “excluir o outro” é algo que todos conhecem muito bem. Mas certamente Jesus estava acima disso.
Um dos meus professores favoritos na Universidade da Cidade do Cabo era um rabino idoso e sábio que lecionava Exegese Bíblica. Suas aulas eram simples e instigantes. Há uma grande lição que tirei de suas aulas: “Qualquer estudioso que se preze vai se debruçar sobre um texto por muitas horas, dias e meses até encontrar uma interpretação compassiva.”
Talvez Jesus estivesse “cansado de compaixão”. Sei que muitas vezes estou. Esta manhã, assisti ao noticiário internacional – os horrores que vêm de Gaza e dos territórios ocupados. Então, por acaso, mudei de canal para o noticiário nacional – a onda de afrofobia que assola a África do Sul. Tenho percebido que estou ficando cada vez mais insensível aos horrores da vida. No entanto, o Papa Francisco nos lembra que a compaixão é a linguagem de Deus. A palavra “compaixão” tem raízes latinas. Com significa “com” e pati significa “sofrer”, transmitindo literalmente “sofrer juntos”. Esse é um trabalho emocional e espiritualmente desgastante, que já me sobrecarregou muitas vezes na vida. Estou tentando viver uma vida de compaixão de uma maneira que não esgote minhas reservas nem as dos meus entes queridos. Há uma linha tênue. Tenho várias intenções de caridade que consigo administrar. As mais importantes, porém, são as intenções de Justiça Social – fazer contribuições intencionais para a vida do outro, para que ele venha a conhecer a dignidade humana que é seu direito de nascença.
Outra reflexão que me ocorreu no Evangelho de hoje é a da filha da mulher cananeia, que estava possuída por um demônio. Quais são meus demônios e como luto contra eles? Eu costumava ler “A Teia de Charlotte”, de E. B. White, para meus filhos, e eles adoravam os personagens. Há tantas camadas de verdade e sabedoria nessa bela história. Qual é a minha “obra-prima”? O “ideal do ego” dos meus vinte e poucos anos tinha aspirações grandiosas. Agora percebo que não se trata de realizar grandes feitos, mas de pequenos atos com grande amor. (atribuído à Madre Teresa)
Fui educada pelas Irmãs Dominicanas de Cabra, da Irlanda, no Cabo, e elas usavam expressões maravilhosas. Lembro-me das irmãs nos repreenderem quando éramos mal-educadas, dizendo: “Sua garota ousada”. Todas nós ríamos e continuávamos a brincar com a irmã, mas acabei acreditando que a “ousadia” era um traço de caráter ruim. No entanto, a mulher cananeia era ousada e determinada. Ela foi mais esperta que Jesus e o convenceu de que até os cães comem da mesa de seus donos.
Ela foi encorajada pelo amor que sentia pelo filho e estava disposta a sofrer ridículo e desprezo porque se importava profundamente.
Eu me pergunto: “Com o que eu me importo tanto a ponto de estar disposta a ser ridicularizada e desprezada? O que é que eu mais desejo nesta fase da minha vida?”
Preciso refletir com calma sobre essa busca e deixar que as palavras de Jesus falem diretamente ao meu coração: “Ó mulher, grande é a tua fé! Seja feito para ti como desejas”.