
Lucina Montagne
Sunday 5th July: Fourteenth Sunday in Ordinary Time
Scripture Readings: Zechariah 9:9-10, Psalm 44,
Romans 8: 9, 11-13, Matthew 11:25-30
No-one will deny that we are living in turbulent times. There is a sense of despair and despondency, and it would be only too easy to give up hope. But in fact, very brief glances into both secular and church history show that not a lot has changed. It is a matter for debate whether the fact that we now know what is happening, as it happens, with twenty-four hour rolling news, smart phones pinging with latest verdict/disaster/ example of political corruption or arrogance, makes things better or worse. We can react in so many ways: shrug and say, “so what, nothing changes”. We can use the knowledge we now have to respond materially, or otherwise helpfully. We can give in to despair or negativity. Or we can listen to the gospel message.
When we read a reassuring passage from the gospel, such as today’s, it is easy to imagine a quiet, gentle world, where we are told that all shall be well. Jesus did not live in a quiet, gentle world. He lived in an unsettled province of a rough Roman empire. We don’t find much that is gentle in the manner of his trial and death, which was the norm of the time. His cousin, John the Baptist, didn’t hold back in criticising contemporaries: ye brood of vipers! Not very parliamentary language. So, when Jesus invites us to come to him, promises to support us, to give us rest, he is saying this from a world that is also in turmoil. The most quoted saying of Jesus is: ‘be not afraid’. His typical greeting is: ‘peace be with you’.
So, how do we reconcile our serious and real concerns today, with what Jesus says in today’s Gospel? Perhaps part of the answer is in the first reading: See now, your king comes to you; he is victorious, he is triumphant, humble and riding on a donkey. That is some paradox!
Where does he point us? Inevitably, as ever, towards Faith, Hope and Charity. We have been given these virtues at out baptism. They are ours to live by, to use and practise. Have we tucked them away like unwanted presents, or are we living the lives they make possible for us, the lives we are called to.

Domingo 5º de julio: Decimocuarto domingo del tiempo ordinario:
Lecturas bíblicas: Zacarías 9:9-10, Salmo 44,
Romanos 8:9, 11-13, Mateo 11:25-30
Nadie negará que vivimos tiempos turbulentos. Hay un sentimiento de desesperación y desánimo, y sería muy fácil perder la esperanza. Pero, de hecho, un breve vistazo tanto a la historia secular como a la eclesiástica muestra que no ha cambiado mucho. Es tema de debate si el hecho de que ahora sepamos lo que está sucediendo, en el momento en que ocurre, con noticias las 24 horas del día, teléfonos inteligentes que nos avisan con cada nuevo veredicto, desastre o ejemplo de corrupción política o arrogancia, hace que las cosas mejoren o empeoren. Podemos reaccionar de muchas maneras: encogernos de hombros y decir: «¿Y qué? Nada cambia». Podemos usar el conocimiento que ahora tenemos para responder de manera concreta o de cualquier otra forma útil. Podemos rendirnos a la desesperación o a la negatividad. O podemos escuchar el mensaje del Evangelio.
Cuando leemos un pasaje tranquilizador del Evangelio, como el de hoy, es fácil imaginar un mundo tranquilo y apacible, donde se nos dice que todo estará bien. Jesús no vivió en un mundo tranquilo y apacible. Vivió en una provincia convulsa de un imperio romano agitado. No encontramos mucho de apacible en la forma en que se llevó a cabo su juicio y su muerte, lo cual era la norma de la época. Su primo, Juan el Bautista, no se contenía a la hora de criticar a sus contemporáneos: ¡raza de víboras! No es un lenguaje muy diplomático. Así que, cuando Jesús nos invita a acudir a él, nos promete apoyarnos y darnos descanso, lo dice desde un mundo que también está en plena agitación. La frase más citada de Jesús es: «No tengan miedo». Su saludo típico es: «La paz esté con ustedes».
Entonces, ¿cómo conciliamos nuestras preocupaciones serias y reales de hoy con lo que dice Jesús en el Evangelio de hoy? Quizás parte de la respuesta esté en la primera lectura: «Miren, su rey viene hacia ustedes; es victorioso, triunfante, humilde y cabalga sobre un burro». ¡Menuda paradoja!
¿Hacia dónde nos señala? Inevitablemente, como siempre, hacia la fe, la esperanza y la caridad. Estas virtudes nos fueron dadas en nuestro bautismo. Son nuestras para vivirlas, usarlas y practicarlas. ¿Las hemos guardado como regalos no deseados, o estamos viviendo las vidas que ellas nos permiten, las vidas a las que estamos llamados?
