
Lara Kelly, Congregation Justice Office Dominican Sisters Cabra
24th Sunday in Ordinary Time, Year A
13th September: Sunday of the Season of Creation
Readings: Ecclesiasticus: 27:30, 28:7 | Psalm: 102:1-4,9-12
R.V.8: The Lord is compassion and love, slow to anger and rich in mercy and love
St. Paul’s letter to The Romans: 14:7-9 | Matthew: 18:21-35
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Today is the second Sunday of the Season of Creation, that period of time where we are reminded of our place in Creation and our responsibility to play our part in caring for the planet and all living things.
We have heard in the Gospel of Matthew and in the two readings clear messages about forgiveness, mercy and community, about life as a shared journey. The second reading tells us: “None of us lives for oneself, and no one dies for oneself.” We are all interconnected. To quote words written over 400 years ago by the poet John Donne, “no man is an island”.
This interconnectedness is a defining theme of a letter written by the late Pope Francis to “every person living on this planet”. The letter, Laudato Si’, was written in 2015 and its call for us all to care for creation is even more relevant now than it was then. It is not a diktat from on high, but rather, it invites a conversation. which includes everyone, about how “we are shaping the future of our planet”. Though the crises facing our world are stark, Pope Francis strikes a note of hope. He says: “we know that things can change.”
Thinking of Peter’s question in the Gospel reading about how many times he should forgive someone who has wronged him, we could also ask the question: How many times should I care for the earth? Seven times? Seventy-seven times? Or an infinite number of times, an infinite amount of care. Pope Francis said: “the world sings of an infinite Love: how can we fail to care for it?” When we slow down and notice, the beauty of the world is there to be seen and heard – in a dewdrop, an autumn leaf, a blackbird’s song, in abundant hedgerows, in clean rivers.
Nature needs our help. This well-known phrase should give us pause for thought: “We do not inherit the earth from our ancestors; we borrow it from our children”. So, for the wellbeing of our children, and our children’s children, we show our care for the earth. We show it when we make space for nature, in our gardens, schoolyards, church grounds. We show it when we make choices like using more public transport or using ecologically friendly products in our homes. It is estimated that the average adult makes about 35,000 choices every day. Why shouldn’t some of these choices contribute to our own wellbeing, and to the wellbeing of the planet and of future generations?
In his encyclical letter Magnifica Humanitas, Pope Leo writes that “building a world in which everyone can flourish requires shared responsibility and courage. No one can single-handedly bear the weight of the challenges the world is facing, just as no one is so weak that they cannot play their part…” In other words, we don’t have to do it all, but we all can do something.
The theme for the Season of Creation this year is “Living Water”. For where would we be without water? 71% of the Earth’s surface is covered by water. It makes up 60% of the human body, on average. We use it in ritual and blessing and offer it to each other as a sign of hospitality. All living creatures need it to live.
Ireland’s ‘living waters’ can be found in our lakes, rivers, canals and seas. In terms of water quality across the country, just over half of surface waterbodies are at good or high-quality status. Pollution to our water comes in the form of run-off of nutrients and pesticides from agriculture, discharges of poorly treated sewage, and run-off from hard surfaces in urban environments, in other words from our paved front gardens.
Communities around the country are showing their care for creation, by taking small but powerful actions. When a Church restores 30% of its land to wildflower meadows, a strong message is sent out. When a community rallies together for a beach or riverside clean up, water quality is improved. When we choose to avoid single use plastics and disposable coffee cups, we reduce waste before it ever lands in our waters.
There are many ways to rise to the challenges of the climate crisis. Renewable green energy production is soaring globally, with solar power generation rising by nearly a third last year. Across Ireland, communities have been planting trees, reforesting land, including through the ‘Pocket Forest’ initiative, where areas of land as small as a table tennis table are planted with native trees.
Of course, as the second reading, the letter of Paul to the Romans, reminds us, we are all interconnected. No one operates in a vacuum; our lives and choices affect those around us. No more so than when it comes to climate change. The impacts of the climate crisis, including extreme weather, drought and floods, are more severe for vulnerable populations who have contributed the least to climate change, and who have limited means to adapt to climate change impacts. This is where the concept of climate justice comes in – changing our ways of living is not just a matter of safeguarding our own wellbeing and that of our children, but also a matter of simple justice. Remembering Pope Francis’s words, “we know that things can change”.
Resources: For more information on how to plant a ‘Pocket Forest’, see www.pocketforests.ie
Traducción al español
24.º domingo del tiempo ordinario, año A
13 de septiembre: Domingo del Tiempo de la Creación
Lecturas: Eclesiástico: 27,30; 28,7 | Salmo: 102,1-4.9-12
R.V.8: El Señor es compasivo y amoroso, lento para la ira y rico en misericordia y amor
Carta de San Pablo a los Romanos: 14,7-9 | Mateo: 18,21-35
Hoy es el segundo domingo del Tiempo de la Creación, ese período en el que se nos recuerda nuestro lugar en la Creación y nuestra responsabilidad de desempeñar nuestro papel en el cuidado del planeta y de todos los seres vivos.
Hemos escuchado en el Evangelio de Mateo y en las dos lecturas mensajes claros sobre el perdón, la misericordia y la comunidad, sobre la vida como un camino compartido. La segunda lectura nos dice: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo, y nadie muere para sí mismo». Todos estamos interconectados. Citando las palabras escritas hace más de 400 años por el poeta John Donne: «Ningún hombre es una isla».
Esta interconexión es un tema central de una carta escrita por el difunto papa Francisco dirigida a «todas las personas que viven en este planeta». La carta, *Laudato Si’*, fue escrita en 2015 y su llamamiento a que todos cuidemos de la Creación es ahora aún más relevante que entonces. No se trata de un dictado desde arriba, sino más bien de una invitación al diálogo —en el que todos tienen cabida— sobre cómo «estamos dando forma al futuro de nuestro planeta». Aunque las crisis a las que se enfrenta nuestro mundo son graves, el papa Francisco transmite un mensaje de esperanza. Dice: «Sabemos que las cosas pueden cambiar».
Pensando en la pregunta de Pedro en la lectura del Evangelio sobre cuántas veces debe perdonar a alguien que le ha hecho daño, también podríamos plantearnos la siguiente pregunta: ¿Cuántas veces debo cuidar de la Tierra? ¿Siete veces? ¿Setenta y siete veces? ¿O un número infinito de veces, un cuidado infinito? El papa Francisco dijo: «El mundo canta a un Amor infinito: ¿cómo no vamos a cuidar de él?». Cuando nos detenemos y prestamos atención, la belleza del mundo está ahí para ser vista y oída: en una gota de rocío, en una hoja de otoño, en el canto de un mirlo, en los setos frondosos, en los ríos limpios.
La naturaleza necesita nuestra ayuda. Esta conocida frase debería hacernos reflexionar: «No heredamos la tierra de nuestros antepasados; la tomamos prestada de nuestros hijos». Por eso, por el bienestar de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos, demostramos nuestro cuidado por la tierra. Lo demostramos cuando dejamos espacio para la naturaleza, en nuestros jardines, en los patios de los colegios, en los terrenos de las iglesias. Lo demostramos cuando tomamos decisiones como utilizar más el transporte público o emplear productos respetuosos con el medio ambiente en nuestros hogares. Se calcula que un adulto medio toma unas 35 000 decisiones cada día. ¿Por qué no deberían algunas de estas decisiones contribuir a nuestro propio bienestar, así como al del planeta y al de las generaciones futuras?
En su encíclica *Magnifica Humanitas*, el papa León escribe que «construir un mundo en el que todos puedan prosperar requiere responsabilidad compartida y valentía. Nadie puede soportar por sí solo el peso de los retos a los que se enfrenta el mundo, del mismo modo que nadie es tan débil como para no poder aportar su granito de arena…». En otras palabras, no tenemos que hacerlo todo, pero todos podemos hacer algo.
El tema de la Temporada de la Creación de este año es «Agua viva». ¿Dónde estaríamos sin agua? El 71 % de la superficie de la Tierra está cubierta de agua. Constituye, de media, el 60 % del cuerpo humano. La utilizamos en rituales y bendiciones, y nos la ofrecemos unos a otros como señal de hospitalidad. Todos los seres vivos la necesitan para vivir.
Las «aguas vivas» de Irlanda se encuentran en nuestros lagos, ríos, canales y mares. En cuanto a la calidad del agua en todo el país, algo más de la mitad de las masas de agua superficiales presentan un estado de calidad bueno o alto. La contaminación de nuestras aguas proviene de la escorrentía de nutrientes y pesticidas procedentes de la agricultura, de los vertidos de aguas residuales mal tratadas y de la escorrentía de superficies duras en entornos urbanos; en otras palabras, de nuestros jardines delanteros pavimentados.
Las comunidades de todo el país están demostrando su cuidado por la creación mediante acciones pequeñas pero contundentes. Cuando una iglesia restaura el 30 % de sus terrenos para convertirlos en prados de flores silvestres, se transmite un mensaje contundente. Cuando una comunidad se moviliza para limpiar una playa o la ribera de un río, mejora la calidad del agua. Cuando decidimos evitar los plásticos de un solo uso y los vasos de café desechables, reducimos los residuos antes de que lleguen a nuestras aguas.
Hay muchas formas de hacer frente a los retos de la crisis climática. La producción de energía verde renovable se está disparando a nivel mundial, y la generación de energía solar aumentó casi un tercio el año pasado. En toda Irlanda, las comunidades han estado plantando árboles y reforestando terrenos, entre otras cosas a través de la iniciativa «Pocket Forest», en la que se plantan árboles autóctonos en parcelas tan pequeñas como una mesa de ping-pong.
Por supuesto, como nos recuerda la segunda lectura, la carta de Pablo a los Romanos, todos estamos interconectados. Nadie actúa en el vacío; nuestras vidas y nuestras decisiones afectan a quienes nos rodean. Y esto es especialmente cierto en lo que respecta al cambio climático. Los efectos de la crisis climática —incluidos los fenómenos meteorológicos extremos, las sequías y las inundaciones— son más graves para las poblaciones vulnerables, que son las que menos han contribuido al cambio climático y las que disponen de medios limitados para adaptarse a sus efectos. Aquí es donde entra en juego el concepto de justicia climática: cambiar nuestra forma de vida no es solo una cuestión de salvaguardar nuestro propio bienestar y el de nuestros hijos, sino también una cuestión de simple justicia. Recordando las palabras del papa Francisco: «Sabemos que las cosas pueden cambiar».
Recursos: Para más información sobre cómo plantar un «bosque de bolsillo», consulta www.pocketforests.ie
Tradução para português
24.º Domingo do Tempo Comum, Ano A
13º de setembro: Domingo do Tempo da Criação
Leituras: Eclesiástico: 27,30; 28,7 | Salmo: 102,1-4.9-12
R.V.8: O Senhor é compaixão e amor, lento à ira e rico em misericórdia e amor
Carta de São Paulo aos Romanos: 14,7-9 | Mateus: 18,21-35
Hoje é o segundo Domingo do Tempo da Criação, aquele período em que nos é recordado o nosso lugar na Criação e a nossa responsabilidade de desempenhar o nosso papel no cuidado do planeta e de todos os seres vivos.
Ouvimos no Evangelho de Mateus e nas duas leituras mensagens claras sobre o perdão, a misericórdia e a comunidade, sobre a vida como uma jornada partilhada. A segunda leitura diz-nos: «Nenhum de nós vive para si mesmo, e ninguém morre para si mesmo.» Estamos todos interligados. Para citar palavras escritas há mais de 400 anos pelo poeta John Donne, «nenhum homem é uma ilha».
Esta interligação é um tema central de uma carta escrita pelo falecido Papa Francisco a «todas as pessoas que vivem neste planeta». A carta, «Laudato Si’», foi escrita em 2015 e o seu apelo para que todos cuidemos da Criação é ainda mais relevante agora do que era naquela altura. Não se trata de um ditame vindo de cima, mas sim de um convite a um diálogo — que inclui toda a gente — sobre a forma como «estamos a moldar o futuro do nosso planeta». Embora as crises que o nosso mundo enfrenta sejam graves, o Papa Francisco transmite uma nota de esperança. Ele diz: «sabemos que as coisas podem mudar.»
Pensando na pergunta de Pedro na leitura do Evangelho sobre quantas vezes deve perdoar alguém que lhe fez mal, poderíamos também perguntar: Quantas vezes devo cuidar da Terra? Sete vezes? Setenta e sete vezes? Ou um número infinito de vezes, uma quantidade infinita de cuidado. O Papa Francisco disse: «O mundo canta um Amor infinito: como podemos deixar de cuidar dele?» Quando abrandamos o ritmo e prestamos atenção, a beleza do mundo está lá para ser vista e ouvida — numa gota de orvalho, numa folha de outono, no canto de um melro, em sebes abundantes, em rios límpidos.
A natureza precisa da nossa ajuda. Esta frase bem conhecida deve dar-nos motivo para reflexão: «Não herdamos a Terra dos nossos antepassados; pedimos-a emprestada aos nossos filhos». Assim, pelo bem-estar dos nossos filhos e dos filhos dos nossos filhos, demonstramos o nosso cuidado pela Terra. Demonstramo-lo quando abrimos espaço para a natureza, nos nossos jardins, nos pátios das escolas, nos terrenos das igrejas. Demonstramo-lo quando fazemos escolhas como utilizar mais transportes públicos ou usar produtos ecológicos nas nossas casas. Estima-se que um adulto médio faça cerca de 35 000 escolhas por dia. Porque é que algumas dessas escolhas não deveriam contribuir para o nosso próprio bem-estar, para o bem-estar do planeta e das gerações futuras?
Na sua carta encíclica *Magnifica Humanitas*, o Papa Leão escreve que «construir um mundo em que todos possam prosperar requer responsabilidade partilhada e coragem. Ninguém pode, sozinho, suportar o peso dos desafios que o mundo enfrenta, tal como ninguém é tão fraco que não possa desempenhar o seu papel…» Por outras palavras, não temos de fazer tudo, mas todos podemos fazer alguma coisa.
O tema da Época da Criação deste ano é «Água Viva». Pois onde estaríamos nós sem água? 71 % da superfície da Terra está coberta por água. Esta constitui, em média, 60 % do corpo humano. Utilizamo-la em rituais e bênçãos e oferecemo-la uns aos outros como sinal de hospitalidade. Todos os seres vivos precisam dela para viver.
As «águas vivas» da Irlanda podem ser encontradas nos nossos lagos, rios, canais e mares. No que diz respeito à qualidade da água em todo o país, pouco mais de metade dos corpos de água superficiais apresentam um estado de qualidade bom ou elevado. A poluição das nossas águas surge sob a forma de escoamento de nutrientes e pesticidas provenientes da agricultura, descargas de águas residuais mal tratadas e escoamento de superfícies duras em ambientes urbanos — ou seja, dos nossos jardins frontais pavimentados.
As comunidades em todo o país estão a demonstrar o seu cuidado com a criação, através de ações pequenas, mas poderosas. Quando uma igreja restaura 30 % dos seus terrenos, transformando-os em prados de flores silvestres, envia-se uma mensagem forte. Quando uma comunidade se une para uma limpeza de praias ou margens de rios, a qualidade da água melhora. Quando optamos por evitar plásticos de uso único e copos de café descartáveis, reduzimos os resíduos antes mesmo de estes chegarem às nossas águas.
Há muitas formas de enfrentar os desafios da crise climática. A produção de energia verde renovável está a crescer a nível global, tendo a geração de energia solar aumentado quase um terço no ano passado. Por toda a Irlanda, as comunidades têm vindo a plantar árvores e a reflorestar terrenos, nomeadamente através da iniciativa «Pocket Forest», em que áreas de terreno tão pequenas como uma mesa de ténis de mesa são plantadas com árvores nativas.
É claro que, tal como nos lembra a segunda leitura, a Carta de Paulo aos Romanos, estamos todos interligados. Ninguém vive isoladamente; as nossas vidas e escolhas afetam quem nos rodeia. E isto é ainda mais verdade no que diz respeito às alterações climáticas. Os impactos da crise climática, incluindo fenómenos meteorológicos extremos, secas e inundações, são mais graves para as populações vulneráveis que menos contribuíram para as alterações climáticas e que dispõem de meios limitados para se adaptarem aos seus impactos. É aqui que entra o conceito de justiça climática – mudar os nossos modos de vida não é apenas uma questão de salvaguardar o nosso próprio bem-estar e o dos nossos filhos, mas também uma questão de simples justiça. Recordando as palavras do Papa Francisco: «sabemos que as coisas podem mudar».
Recursos: Para mais informações sobre como plantar uma «Pocket Forest», consulte www.pocketforests.ie