27th Sunday in Ordinary Time, Year A
Reflection by Elsabe and John O’Leary for Sunday 4th October 2026
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Tending the vineyards – this is something familiar to us living in Cape Town where we are
surrounded by vineyards, observing the work that goes into preparing the vines through the seasons and being able to enjoy the fruit of this labour! The picture we include comes from the vineyards at Groot Constantia, Cape Town
Both the first reading and the gospel talk about the work and attention given to planting a vineyard. The first reading goes into much detail – digging it, clearing the soil of stones and planting choice vines – the best possible vines. He also prepared all that he would need after the harvest. Beautiful reminders of the love and care with which God tends to God’s chosen people.
And yet only sour grapes were produced – why could this be?
The friend’s expectation of finding justice and integrity but finds only bloodshed and a cry of distress! What went wrong?
The gospel too tells of the work that went into planting the vineyard and the preparations for the harvest. In this reading the tenants, those who had oversight over the vineyards, took to violence and aggression towards the servants who had come to harvest and finally even violence towards the son (Son). Once again we may ask what went wrong?
Paul’s letter to the Philippians is a consolation, a call to have no anxiety at all! How is this possible when in the first reading and the gospel so much went amiss?
We are reminded that if we keep our faces, our hearts and our minds turned to God we need have no worry. We are assured that all we need to do is to bring all things to God in prayer; to keep doing what we have learned and received, then the God of peace will be with us.
Every bit of the hard work in tending the vineyard needs to be rooted in an appreciation of the graciousness of God. The relationships of those involved in caring for and tending the vineyards and harvest need to be rooted in this way of life, this template for right relationship. Tending and harvesting done out of a spirit of gratitude. It is difficult to produce sour grapes in a spirit of gratitude. It is easy to sow bitterness, hate and death out of a spirit of dissatisfaction, resentment and greed, producing sour grapes, death and destruction.
The psalmist in Ps 79(80) affirms this, telling us that when we notice how we have fallen into ways of self-importance and greed, all we need to do is to return to the God of love, mercy and compassion with these words: ‘God of Hosts, bring us back; let your face shine on us and we shall be saved.’ Restoring us to the relationship referred to in the Alleluia verse: “I call you friends” ( Jn 15:15.)
In another year, today, 4th October, would be the feast of St Francis. Could these readings also link us to all that the feast of St Francis could stand for – how to tend this world and all within it with reverence and in a spirit of gratitude, as men and women who long to be instruments of peace.
Another saint who points to how we care for the vineyard and those who tend it is Hildegard of Bingen. Simon Taylor, writing for the Jesuit Institute South Africa on 16.9.2026 reflects on her understanding of viriditas, creation and leadership writes: (1)
“For St Hildegard, viriditas expressed the greening, life-giving vitality of creation—the capacity for life to grow, heal and flourish. Scripture carries the same image. Humanity is placed in creation “to work it and take care of it” (Genesis 2:15), while Christ declares: “I have come that they may have life and have it to the full” (John 10:10).
Hildegard deepens this idea because flourishing is not limited to the individual follower. A person’s wellbeing is connected to the wellbeing of the community and of creation itself. A leader therefore creates conditions in which people, relationships, institutions and the environment can remain healthy and life-giving.
Her message is particularly relevant in an age of environmental degradation and organisational pressure. Leadership (or we) should not merely ask, “What can we achieve?” but also “What are we nurturing, what are we damaging, and what will remain after us?” (1)
Keeping in mind the theme of tending to the vineyard, and as the northern hemisphere moves into autumn, could our question be “what do we have to let go of in order to nurture life and right relationships?” and as the southern hemisphere moves into spring, could our question be “what do we have to open ourselves up to in order to nurture life and right relationships?”.
Photograph by Rowan Patrick
References:
-
St Hildegard of Bingen: “Viriditas, creation and leadership”
by Simon Taylor, Jesuit Institute South Africa, 16.9.2026
Traducción al español
27.º domingo del tiempo ordinario, año A
Reflexión de Elsabe y John O’Leary para el domingo 4 de octubre de 2026
Cuidar los viñedos es algo que nos resulta familiar a quienes vivimos en Ciudad del Cabo, donde estamos rodeados de viñedos, observamos el trabajo que supone preparar las vides a lo largo de las
estaciones y podemos disfrutar del fruto de ese esfuerzo. La imagen que hemos incluido es de los viñedos de Groot Constantia, en Ciudad del Cabo
Tanto la primera lectura como el Evangelio hablan del trabajo y el cuidado que conlleva plantar un viñedo. La primera lectura entra en gran detalle: cavar la tierra, limpiar el suelo de piedras y plantar vides selectas —las mejores vides—. También preparó todo lo que necesitaría después de la vendimia. Son hermosos recordatorios del amor y el cuidado con que Dios cuida de su pueblo elegido.
Y, sin embargo, solo se produjeron uvas agrias: ¿a qué se debió esto?
¡La expectativa del amigo de encontrar justicia e integridad solo se ve respondida con derramamiento de sangre y un grito de angustia! ¿Qué salió mal?
El Evangelio, también, narra el esfuerzo que supuso plantar la viña y los preparativos para la vendimia. En esta lectura, los labradores —los encargados de las viñas— recurrieron a la violencia y la agresión hacia los siervos que habían venido a vendimiar, y finalmente incluso se volvieron violentos con el hijo (el Hijo). Una vez más, podríamos preguntarnos: ¿qué salió mal?
¡La carta de Pablo a los filipenses es una fuente de consuelo, una llamada a liberarnos de toda ansiedad! ¿Cómo es esto posible cuando, en la primera lectura y en el Evangelio, tantas cosas salieron mal?
Se nos recuerda que, si mantenemos nuestro rostro, nuestro corazón y nuestra mente voltados hacia Dios, no tenemos por qué preocuparnos. Se nos asegura que lo único que debemos hacer es llevar todas las cosas a Dios en la oración; seguir haciendo lo que hemos aprendido y recibido, y entonces el Dios de la paz estará con nosotros.
Cada aspecto del duro trabajo que supone cuidar la viña debe estar arraigado en el agradecimiento por la gracia de Dios. Las relaciones de quienes se dedican al cuidado y la labor de los viñedos y a la cosecha deben estar arraigadas en este modo de vida, este modelo de relaciones correctas. El cuidado y la cosecha deben llevarse a cabo con espíritu de gratitud. Es difícil producir uvas agrias con espíritu de gratitud. Es fácil sembrar amargura, odio y muerte desde un espíritu de insatisfacción, resentimiento y codicia, produciendo uvas agrias, muerte y destrucción.
El salmista, en el Salmo 79 (80), lo afirma, diciéndonos que cuando nos damos cuenta de cómo hemos caído en la vanidad y la codicia, lo único que tenemos que hacer es volver al Dios del amor, la misericordia y la compasión con estas palabras: «Dios de los ejércitos, tráenos de vuelta; haz que tu rostro resplandezca sobre nosotros y seremos salvados». Restáuranos a la relación a la que se refiere el versículo del Aleluya: «Os llamo amigos» (Jn 15, 15).
En otro año, hoy, 4 de octubre, sería la fiesta de san Francisco. ¿Podrían estas lecturas conectarnos también con todo lo que la fiesta de san Francisco podría representar: cómo cuidar de este mundo y de todo lo que hay en él con reverencia y con espíritu de gratitud, como hombres y mujeres que anhelan ser instrumentos de paz?
Otra santa que destaca cómo cuidamos la viña y a quienes la cultivan es Hildegarda de Bingen. Simon Taylor, en un artículo para el Instituto Jesuita de Sudáfrica del 16 de septiembre de 2026, reflexiona sobre su comprensión de la viriditas, la creación y el liderazgo, y escribe: (1)
«Para santa Hildegarda, la viriditas expresaba el verdor, la vitalidad vivificante de la creación: la capacidad de la vida para crecer, sanar y florecer.
Las Escrituras transmiten la misma imagen. La humanidad es colocada dentro de la creación «para trabajarla y cuidarla» (Génesis 2:15), mientras que Cristo declara: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Juan 10:10).
Hildegarda amplía esta idea porque el florecimiento no se limita al creyente individual. El bienestar de una persona está vinculado al bienestar de la comunidad y de la propia creación. Por lo tanto, un líder crea las condiciones en las que las personas, las relaciones, las instituciones y el medio ambiente puedan mantenerse sanos y ser fuente de vida.
Su mensaje es especialmente relevante en una época de degradación medioambiental y presión organizativa. El liderazgo (o nosotros) no debería limitarse a preguntarse: «¿Qué podemos lograr?», sino también: «¿Qué estamos cultivando, qué estamos dañando y qué quedará después de nosotros?». (1)
Teniendo en cuenta el tema del cuidado de la viña, y ahora que el hemisferio norte entra en otoño, ¿podría ser nuestra pregunta «¿de qué debemos desprendernos para fomentar la vida y las relaciones correctas?» y, ahora que el hemisferio sur entra en primavera, ¿podría ser nuestra pregunta «a qué debemos abrirnos para fomentar la vida y las relaciones correctas?»?

Foto; Rowan Patrick
Referencias:
- Santa Hildegarda de Bingen: «Viriditas, creación y liderazgo»
por Simon Taylor, Instituto Jesuita de Sudáfrica, 16 de septiembre de 2026
Tradução para português
27.º Domingo do Tempo Comum, Ano A
Reflexão de Elsabe e John O’Leary para o domingo, 4 de outubro de 2026
Cuidar das vinhas – isto é algo que nos é familiar a nós, que vivemos na Cidade do Cabo, onde estamos rodeados de vinhas, observando o trabalho envolvido na preparação das videiras ao longo das estações e podendo desfrutar do fruto desse trabalho! A imagem que incluímos provém das vinhas de Groot Constantia, na Cidade do Cabo 
Tanto a primeira leitura como o Evangelho falam do trabalho e da atenção dedicados ao plantio de uma vinha. A primeira leitura entra em muitos pormenores – cavar o solo, limpar o solo de pedras e plantar videiras de eleição – as melhores videiras possíveis. Ele também preparou tudo o que seria necessário após a colheita. Belas lembranças do amor e do cuidado com que Deus cuida do seu povo escolhido.
E, no entanto, apenas uvas amargas foram produzidas – por que razão poderia ser isto?
A expectativa do amigo de encontrar justiça e integridade, mas que encontra apenas derramamento de sangue e um grito de angústia! O que correu mal?
O Evangelho também fala do trabalho envolvido no plantio da vinha e nos preparativos para a colheita. Nesta leitura, os lavradores, aqueles que supervisionavam as vinhas, recorreram à violência e à agressão contra os servos que tinham vindo para a colheita e, por fim, até mesmo à violência contra o filho (o Filho). Mais uma vez, podemos perguntar: o que correu mal?
A carta de Paulo aos Filipenses é um consolo, um apelo para não termos qualquer ansiedade! Como é isto possível quando, na primeira leitura e no Evangelho, tanto correu mal?
É-nos lembrado que, se mantivermos os nossos rostos, os nossos corações e as nossas mentes voltados para Deus, não precisamos de ter qualquer preocupação. Temos a certeza de que tudo o que precisamos de fazer é levar todas as coisas a Deus em oração; continuar a fazer o que aprendemos e recebemos, e então o Deus da paz estará connosco.
Cada pedaço do trabalho árduo no cuidado da vinha precisa de estar enraizado na gratidão pela bondade de Deus. As relações entre aqueles que se dedicam a cuidar e a cultivar as vinhas e a colheita devem estar enraizadas neste modo de vida, neste modelo de relação correta. Cuidar e colher com um espírito de gratidão. É difícil produzir uvas amargas com um espírito de gratidão. É fácil semear amargura, ódio e morte a partir de um espírito de insatisfação, ressentimento e ganância, produzindo uvas amargas, morte e destruição.
O salmista, no Salmo 79 (80), afirma isto, dizendo-nos que, quando percebemos como caímos em atitudes de presunção e ganância, tudo o que precisamos de fazer é regressar ao Deus do amor, da misericórdia e da compaixão com estas palavras: «Deus dos Exércitos, traz-nos de volta; faz brilhar sobre nós o teu rosto e seremos salvos.» Restaurando-nos ao relacionamento referido no versículo do Aleluia: «Chamo-vos amigos» (Jo 15, 15.)
Noutro ano, hoje, 4 de outubro, seria a festa de São Francisco. Poderão estas leituras também ligar-nos a tudo o que a festa de São Francisco poderia representar — como cuidar deste mundo e de tudo o que nele há com reverência e num espírito de gratidão, como homens e mulheres que anseiam por ser instrumentos de paz.
Outra santa que nos mostra como devemos cuidar da vinha e daqueles que a cultivam é Hildegarda de Bingen. Simon Taylor, num artigo escrito para o Instituto Jesuíta da África do Sul a 16 de setembro de 2026, reflete sobre a compreensão que ela tinha da viriditas, da criação e da liderança, escrevendo: (1)
«Para Santa Hildegarda, a viriditas expressava o verdejante e vivificante vigor da criação — a capacidade da vida de crescer, curar e florescer. A Escritura transmite a mesma imagem. A humanidade é colocada na criação «para a cultivar e cuidar dela» (Génesis 2, 15), enquanto Cristo declara: «Eu vim para que tenham vida e a tenham em plenitude» (João 10, 10).
Hildegarda aprofunda esta ideia, pois o florescimento não se limita ao seguidor individual. O bem-estar de uma pessoa está ligado ao bem-estar da comunidade e da própria criação. Um líder, portanto, cria condições nas quais as pessoas, as relações, as instituições e o ambiente possam permanecer saudáveis e vivificantes.
A sua mensagem é particularmente relevante numa era de degradação ambiental e pressão organizacional. A liderança (ou nós) não deve limitar-se a perguntar: «O que podemos alcançar?», mas também: «O que estamos a cultivar, o que estamos a prejudicar e o que permanecerá depois de nós?» (1)
Tendo em mente o tema de cuidar da vinha, e à medida que o hemisfério norte entra no outono, será que a nossa pergunta poderia ser «do que temos de nos libertar para cultivar a vida e as relações justas?» e, à medida que o hemisfério sul entra na primavera, será que a nossa pergunta poderia ser «a que temos de nos abrir para cultivar a vida e as relações justas?».

Foto; Rowan Patrick
Referências:
- Santa Hildegarda de Bingen: «Viriditas, criação e liderança»
por Simon Taylor, Instituto Jesuíta da África do Sul, 16.9.2026